Fanfic

Tokyo Ghoul: “Caballeros gamers, alzaos”

Reescritura del primer capítulo del manga de Tokyo Ghoul en la que Kaneki, en lugar de ser un cultureta, es un gamer insufrible. Sí, a partir de hoy este es un blog de fanfics.

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 – ¡Kaneki, rápido, dispara al del tejado!

Mis dedos sudorosos se deslizaban sobre el teclado, reaccionando de forma imperfecta a la algarabía incomprensible que se desenvolvía en mi pantalla. Un tiro por la espalda abatió a mi avatar. El semblante de Hide, sentado en la terminal a mi derecha, pasó de la preocupación a la ira. Se llevó las manos a la cara.

– ¡Joder Kaneki, casi ganamos! ¡Si no mejoras nunca vamos a pasar de categoría!

– No sé ni por qué he accedido a esto. Ya sabes que los shooters no son lo mío.

– Ya lo sé, pero ya que estamos pagando por estar aquí al menos ponle un poco de empeño, joder…

Esbocé una sonrisilla ante la rabieta infantil de mi amigo. Patético. Hide siempre ha encarnado ese peldaño intermedio de la sociedad que separa a los normies de los verdaderos amantes del medio ludonarrativo. Viene conmigo al centro gaming tarde sí y tarde también desde hace meses para dedicarse a desperdiciar horas jugando a obras menores como Call of Duty, FIFA o Fortnite. Sólo es capaz de sentir interés con títulos multijugador, y nunca ha dedicado un segundo a apreciar verdaderas obras maestras del videojuego. Un auténtico plebeyo que jamás entenderá la grandeza de nombres como Solid Snake o Geralt de Rivia. Merece más compasión que otra cosa.

– Sabes bien que los motivos por los que vengo aquí últimamente son más…interesantes – respondí-. Ya debe de estar al caer.

– Oh, ¿es por esa tía, no? Deberías hablar con ella algún día, porque a este paso no te la vas a ligar en la vida.

Respondí negando con la cabeza. Al fin y al cabo, ¿qué me iba a enseñar de amor un paleto que se pasa toda la tarde en un centro recreativo? Unos instantes después, el tenue sonido del timbre anunció la entrada de una clienta. Era ella. Como cada día, me quedé absorto mirándola. Su apariencia era un extraño rayo de luz en el lúgubre salón, tan bella y a la vez tan disonante. La gentil expresión de su cara fue un bálsamo para mis pesares, y sus grandes ojos franqueados por sus gafas sin montura eran adalides de la auténtica pureza femenina. Llevaba una ceñida blusa blanca con encaje, que pese a no tener escote, daba testimonio de lo bien dotada que estaba; su falda, por otro lado, envolvía sus largas piernas por completo, dejándolas a la imaginación de este caballero gamer. Sin duda, era una mujer como pocas se podían encontrar a día de hoy: no parecía una puta ni una feminazi. Tampoco se me antojaba amante de los videojuegos a simple vista, pero si estaba aquí, debía tener un mínimo de interés.

– Kaneki, me voy ya, tengo que recoger a mi hermano del fútbol – la voz de Hide me sacó forzosamente de mi reflexión. Se me acercó y me susurró un último mensaje -. ¡Y habla con ella de una puñetera vez!

Al salir, Hide intercambió unas palabras con la chica misteriosa, que estaba abonando su estancia. Él señaló la terminal en la que se había sentado, indicándole el sitio libre. Mi corazón dio un vuelco. ¡La iba a sentar a mi lado, menudo felón! Ella se acercó lentamente a su sitio, y al pasar por delante de mí, se quedó observándome. Yo giré la cabeza hacia ella, fingiendo no haberle prestado atención hasta el momento. La chica rompió el silencio.

– Esa camiseta que llevas…¿es del Witcher 3?

– S-sí. ¿Pasa algo?

– ¡Oh, qué bien! Resulta que es mi videojuego favorito.

Su comentario me cambió la cara. Estaba exultante. Aunque pareciese un milagro, ¡había una mujer capaz de apreciar un buen videojuego! En esta sociedad corrompida por el feminismo de la tercera ola eso era como encontrar un oasis en la inmensidad del desierto. No tardé en responder.

– ¿¡De verdad!? ¡E-el mío también!

– ¡Qué bien! – su cálida sonrisa me deslumbró, forzándome a apartar la mirada – ¿Has leído las novelas de Geralt de Rivia?

– Qué va, por supuesto que no. Opino que las obras no deben juzgarse por su valor como adaptación, así que…no quería estropear un juego tan memetástico leyendo un estúpido libro.

Mi respuesta la dejó boquiabierta, claramente impresionada por mi amor por la obra.

– Ah…sí, claro…Por cierto, me llamo Rize. Rize Kamishiro.

– Ken Kaneki, encantado.

– ¿Puedo sentarme a tu lado?

– ¡Claro!

A lo largo de las siguientes semanas, me vi con Rize casi a diario en el centro gaming. Hablando con ella, sentí una conexión intelectual que jamás había sentido con nadie. Ella estaba de acuerdo con todo lo que decía y nunca me llevaba la contraria: sin duda había encontrado a la mujer perfecta. Por primera vez, sentí algo que jamás pensé que podía llegar a sentir en este mundo envenenado por el marxismo cultural: amor. Todo cambió sin embargo un fatídico sábado en el que Rize y yo quedamos para tomar algo en la calle.

– ¡Si es que hoy en día la gente se ofende por cualquier cosa! ¡Los Social Justice Warriors se están cargando internet, coartan nuestra libertad de expresión!

– Jaja…claro que sí Kaneki, por supuesto. Una cosa, vamos a tirar por ese callejón, conozco un atajo para llegar antes a mi casa.

Sentí cómo me faltaba el aire. ¡Rize iba llevarme a un callejón desierto con ella! ¿Habían dado sus frutos finalmente mis artes de seducción? Cuando el rumor de la muchedumbre era casi imperceptible y estábamos fuera de la vista de cualquier curioso, se inclinó hacia mí, agarró el pecho de mi sudadera de ahegao y me dirigió una mirada lasciva.

– Kaneki, desde hace tiempo vengo sintiendo por ti algo…especial. Me gustas, aunque no de la manera en la que estás pensando.

La sensación de triunfo era tan aplastante que me abrumaba.

– Las palabras sobran, Rize. Sé lo que quieres de mí.

Rize sonrió y me rodeó con sus brazos. El corazón se me iba a salir del pecho. A pesar de que esperaba directamente un beso, ella acercó su boca a mi hombro lentamente, y mientras yo visualizaba mi victoria, actuó.

Sentí dolor. Rize me había mordido. Pero no fue un mordisco juguetón, sino uno que me había arrancado un trozo del hombro de cuajo. Delante de mí, Rize masticaba mi carne con sus dientes ensangrentados. ¡Era una ghoul! Yo pensaba que la alerta contra estos seres era una pantomima de la izquierda para atemorizar a los idiotas, pero ahora era difícil negar la evidencia.

Debería haberlo visto venir. Fui un iluso al pensar que una mujer pudiera entender una obra como The Witcher 3, claramente me estaba mintiendo. Tan pérfida como todas. Una auténtica zorra misándrica, dispuesta a acabar con la sociedad occidental. Para esto querían sus leyes contra la “violencia de género”. Qué idiota había sido al creer que una mujer así pudiera fijarse en un chico decente como yo.

Rize volvió a atacarme, primero en las piernas para inmovilizarme, y después ensartándome el abdomen con un apéndice punzante salido de su espalda. A pesar de que ya había dado mi vida por perdida, la fortuna quiso sonreírme. Antes de que me asestase una estocada mortal, una viga cayó sobre ella desde lo alto de uno de los edificios que delimitaba el callejón. Desde mi posición tan sólo pude atisbar una silueta masculina. Fuera quien fuese mi salvador, sin duda supo cuál de las dos vidas merecía la pena salvar.

Perdí el conocimiento, y mi siguiente recuerdo es el despertar en una cama de hospital. Mis heridas habían desaparecido por completo. Lo que debería haber sido una buena noticia vino envuelto bajo un velo siniestro, antinatural, al no quedar ni siquiera marca en zonas anteriormente abiertas en canal. Mis respuestas no tardaron en llegar: con gran dificultad, los médicos me explicaron que, dada la situación tan crítica en la que me encontraba, se vieron obligados a trasplantarme los órganos de Rize. Los órganos de una ghoul. Los órganos de una asesina. Y lo peor de todo, los órganos de una hembrista. Mi rápida recuperación hacía evidente que me había convertido en lo primero, y que quizá sólo fuera cuestión de tiempo en que me convirtiera en lo segundo o lo tercero.

Yo no soy el protagonista de una novela ni mucho menos. Soy un universitario del montón al que le gustan los videojuegos. Eso sí, si hubiera que escribir una novela conmigo como protagonista, sería sin duda…una tragedia.

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Feliz 28 de Diciembre, estimadas lectoras y lectores.

3 comentarios sobre “Tokyo Ghoul: “Caballeros gamers, alzaos”

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