Análisis

La cultura contra la guerra en Macross

El día dieciocho de este mes murió García Lorca. Aunque fue ejecutado en 1936 vuelve a morir año tras año, pues no hay mayor muerto que el olvidado. A este intelectual —uno de los más populares e internacionales de su época— lo asesinaron, además de por rojo y por maricón, por haberse dedicado a una actividad muy peligrosa: la divulgación cultural. Con el apoyo económico del gobierno de la República dirigió La Barraca, con la que representó los clásicos del Siglo de Oro en los lugares más recónditos del país, acercando el teatro a la gente común.

Al fascismo no le gusta ni le conviene que el pueblo piense por encima de sus posibilidades. Su afán de envilecer a la población, de sembrar el odio y el miedo, es incompatible con el libre acceso a la cultura. Ahora que la extrema derecha es un valor en alza podemos ver su constante carga contra el mundo intelectual, porque genera opinión, despierta conciencias y en definitiva atenta contra su poder.

En estas circunstancias, la defensa de la cultura como elemento liberador es un tema que merece tratarse. Por suerte para mí puedo hacerlo en Aki no Anime sin tener que meterlo con calzador, ya que una de las grandes obras del anime tiene este tema como principal elemento subyacente: el clásico de 1982 Macross, la Fortaleza Hiperespacial.

Macross es una serie muy querida por muchos motivos. En su momento fue un éxito comercial contundente por virtud de ser un anime mecha muy bien producido en lo técnico, con batallas espaciales muy bien animadas y diseños de naves numerosos y memorables, y que a diferencia de otros de su género ponía la mayor parte de la atención en las relaciones entre sus personajes y en construir un drama bélico con impacto; una especialidad de su director Noboru Ishiguro, quien años después adaptaría La Leyenda de los Héroes Galácticos. Pero más allá de esto, la serie se atreve a hablar sobre la naturaleza de la cultura con bastante detalle, algo verdaderamente inusual y que rara vez se le reconoce. Empecemos por el principio.

La serie narra una guerra entre la humanidad y una especie alienígena conocida como los Zentradi, años después de que una enorme fortaleza espacial perteneciente a estos últimos impactara sobre la Tierra provocando la conformación por medio de la fuerza de un Gobierno global para hacerle frente a la amenaza alienígena. La nave, que sería bautizada como Macross por los humanos, es de unas dimensiones colosales y por una serie de circunstancias parte hacia la guerra con miles de civiles que son capaces de construir una ciudad en su interior más allá del uso militar. Nada más empezar la contienda, no tardan en descubrir ambos bandos las enormes similitudes fisiológicas y mentales entre humanos y Zentradi, eventualmente revelándose para sorpresa de nadie que vienen de un mismo antecesor.

La ironía está en bandeja: años de disputa entre humanos para librar una batalla contra otra especie… que acaba siendo casi la suya misma.

El contacto entre las dos especies acaba revelando a los humanos que lo que más les diferencia de los Zentradi es la cultura. Sus enemigos conforman sociedades marciales, donde sus ciudadanos tienen imbuida la idea de la batalla y la conquista como el fin de la vida. Quizá el momento más llamativo es cómo en el primer acercamiento sus líderes no son capaces de asimilar el concepto de “civil” entendido como persona que no se dedica a la lucha y no tiene un lugar en el cuerpo militar al preguntar por la población de la nave.

A causa de estas disimilitudes en dos especies tan parecidas, el foco de la serie se proyecta tanto en la crueldad de la propia guerra como en las diferencias en la forma de ver el mundo de los dos bandos, y cómo los Zentradi reaccionan a la cultura humana y la asumen, lo cual deriva en bastantes momentos cómicos.

La forma en la que se presentan estos puntos argumentales está muy bien engranada en cómo interactúan con ellos sus tres personajes principales, que son el centro de la serie por encima del conflicto político.

El protagonista, Hikaru, era un piloto de carreras aéreas que evitó verse envuelto en asuntos militares durante las guerras de unificación, pero al que la invasión alienígena pilla de lleno y que se ve forzado a tomar acción y eventualmente unirse al ejército. Es un chico poco elocuente que rara vez verbaliza lo que siente, pero lo expresa mediante sus acciones y la manera en la que reacciona a lo que le sucede; en lugar de dando discursos forzados sobre la naturaleza de la guerra cual película de tercera, que para eso ya estamos los blogueros. La primera vez que se enfrenta a un Zentradi en el episodio dos se paraliza al ver lo similar que es a un humano, y casi que evita mirarlo mientras le dispara. Con el tiempo y la experiencia, es capaz de deshumanizar al enemigo en un combate entre naves, pero frente a frente nunca le es fácil.

El episodio diecisiete —fácilmente mi favorito de la serie— muestra un sueño febril de Hikaru en el que vemos eventos de la serie en los que ha participado hasta el momento. Para empezar la construcción del episodio en sí es brillante ya que se asemeja más a un sueño que la mayoría de los que se ven en ficción, mezclando eventos pasados con diferentes resultados y donde además le atacan sin piedad sus miedos; mostrando que Hikaru hace lo que hace desde el sentido del deber, pero aunque nunca lo admita detesta luchar y envidia la posición altanera que un civil que conoce muestra hacia el cuerpo militar.

Todo esto se magnifica cuando tiene que ver morir a compañeros cercanos, haciéndole sentir que todo lo que hace es fútil. Su evolución de piloto presumido a militar destrozado es dolorosa de ver, y con sus ojos se nos muestra el azote de la guerra.

Su superior, Misa Hayase, empieza en el agujero emocional en el que Hikaru se acaba metiendo desde el inicio de la serie. Siendo hija de un militar de alto rango que tras la anterior guerra acabó siendo uno de los miembros del Gobierno de la Tierra, fue educada en valores como la responsabilidad y el servicio… valores que fueron cayendo por su propio peso a lo largo de los años. Durante los eventos de la serie trata de convencer a su padre y al resto de bufones que conforman la cabeza del Gobierno militar para que negocien un armisticio sin ningún resultado, por motivos de orgullo que sólo esconden ambición, ansias de sangre e incapacidad para negociar. Al fin y al cabo, un “nada nuevo bajo el Sol” en la historia humana.

El desarrollo y las acciones de Hikaru y Misa ayudan a armar un drama bélico bien ejecutado, pero que no caería lejos de cualquier otra historia de este género. Lo que diferencia y da un valor especial a Macross es el rol que tiene una civil: Minmay Lynn.

Minmay empieza siendo una camarera amiga de Hikaru que acaba entre los integrantes de la ciudad dentro de la fortaleza, pero que tras ganar un concurso de belleza en la nave e iniciar una carrera musical se convierte en una idol en la ciudad (y de hecho, en la primera idol de la historia del anime). En un principio sus canciones fueron pensadas para infundir ánimos en las tropas, con su primer single titulándose sin un ápice de sutileza “Mi novio es un piloto”, pero estando en el contexto de incertidumbre en el que están y necesitando un desahogo, los habitantes del Macross prácticamente deifican a Minmay. Sus canciones empiezan a sonar en todos sitios y nadie le hace sombra ni de casualidad. Protagoniza películas, da montones de conciertos y prácticamente crea una industria cultural propia en esa sociedad cerrada.

Hacen hasta figuritas de Minmay en la nave. Para qué os voy a engañar, yo también querría una. O siete.

Mediante la captación de las comunicaciones, muchos Zentradi se exponen a las canciones de Minmay y a sus películas; los espías infiltrados acaban integrándose poco a poco en la sociedad humana, fascinados especialmente por nuestra cultura sexual y lamentando tener que volver eventualmente a sus naves. Desde su trinchera, muchos de los soldados rasos Zentradi se acaban aficionando a las actividades culturales humanas y haciéndose tan seguidores de Minmay como los humanos del Macross, lo que lleva al amotinamiento en algunas flotas tras comprender que no tiene sentido luchar para una conquista ajena cuando tienen que destruir algo tan preciado.

El acceso a la cultura es capaz de hacer replantear sus acciones a muchos Zentradi, que empiezan a empatizar con el enemigo, a verlos a ellos como a iguales antes que al Comandante de su incursión. Por primera vez, se plantean si esa lucha tiene sentido y qué sacan ellos de todo aquello, una dinámica que no es difícil extrapolar a la lucha de clases pura y dura.

Aprecio mucho que el acercamiento a la cultura se haga desde la música como primer elemento, ya que sin duda es el medio de expresión artística más fácil de transmitir que existe. No se necesita más instrumento ni aprendizaje previo que la propia audición, y es el motivo por el que las agencias espaciales envían sondas con música clásica al encuentro de civilizaciones extraterrestres. La importancia de la música en este anime está muy bien engarzada en el tipo de historia que intenta contar, además de ser una constante en las obras de su director.

Habiendo sido músico en su juventud, Ishiguro tenía mucha mano a la hora de crear escenas musicales, no limitándose sólo a cuadrar la animación con la música sino haciendo que la tensión emocional de las canciones se viera representadas en la propia imagen. Esta cualidad, aparte de haberlo convertido en un excelente autor de AMVs si hubiera nacido cincuenta años más tarde, hizo que fuese una elección perfecta por el Estudio Nue para llevar a cabo esta historia. Consiguió que la ya magnífica interpretación de Mari Iijima como Minmay se convirtiese en un icono del medio, especialmente con la versión fílmica de la historia, Macross: Do you remember love?.

En definitiva, Macross muestra la cultura no sólo como humana, sino como humanizadora y anti-bélica, siendo un elemento de unión entre pueblos. No obstante, como alguien instalado en el pesimismo de la inteligencia gramsciano, agradezco que la serie tampoco sea idealista. Esto no basta para terminar la guerra, ya que los mandatarios de ambos bandos se niegan rotundamente a claudicar y abandonar sus intereses, pero sí sirve para que el bando humano gane adeptos y girar las tornas a su favor. A pesar de acabar con irreparables daños en los dos bandos que siguen generando fricciones y rencor, ambas civilizaciones acaban integrándose tras el fin del conflicto demostrándose que la pluma, una vez más, es más fuerte que la espada.

Esta clase de narrativa es la que, junto a sus otras muchas virtudes, convierte a Macross en un anime imprescindible. Pasa de ser un relato sobre la crueldad de la guerra que hubiera sido bastante decente en sí mismo a una reflexión sobre la cultura y su valor para la libertad. Es una historia de ver un igual en el diferente, de buscar canales de unión en horizontal y no en vertical. Trata, haciendo honor a su más conocido tema musical, sobre recordar el amor.

Puño en alto, sin miedo y con memoria.

2 comentarios sobre “La cultura contra la guerra en Macross

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