Entre Cuts y Cells

La leyenda de Yamakan

Saber cuándo cerrar la boca no siempre es fácil. Lo digo con conocimiento de causa, eh, porque cada vez que publico en el blog me veo más cerca del banquillo de los acusados. Y si esto es cierto para un juntaletras de pacotilla como yo, también lo es para quienes trabajan en un mundo tan difícil como el del anime.

Muchas veces os he hablado de directores que me gustan por la calidad de su trabajo, pero hoy vengo a hablaros de uno que me fascina por su trayectoria. Un hombre que ha animado algunas de las secuencias más icónicas del anime y con mucho talento para dirigir, pero a quien su orgullo y su capacidad para meterse en problemas le han cerrado muchas puertas, habiendo tenido que encontrar una forma de trabajar fuera del circuito convencional. Os hablo de Yutaka Yamamoto, más conocido como Yamakan; una de las personas más infames de la industria del anime, pero con un compromiso con éste del que pocos pueden presumir.

Algunas quizá lo conozcáis por las polémicas que ha protagonizado en los últimos años, así que me he propuesto hacer un repaso a su carrera para intentar comprender de dónde viene, a dónde va, y de paso para reírme un poco a su costa por el camino. Espero que lo disfrutéis.

Sus (accidentados) inicios en KyoAni

Yamakan comenzó su carrera como empleado de Kyoto Animation en 1998, donde empezó a despuntar como guionista gráfico y obtuvo especial reconocimiento por su rol de asistente de dirección en la segunda OVA de Munto. Su primer puesto de renombre le llegó en la primera temporada de La Melancolía de Haruhi Suzumiya en 2006, donde fue el número dos de la producción de un anime que se convertiría en un éxito sin precedentes y que fue durante mucho tiempo el buque insignia de Kyoto Animation.

Gran parte de lo que hace a Haruhi una serie excelente fue gracias a su trabajo. Fue quien dirigió el primer episodio de la serie, que a día de hoy me sigue pareciendo uno de los mejores pilotos del anime; y con mayor reconocimiento, fue quien coreografió el Hare Hare Yukai, la escena de baile con la que acaba cada episodio.

Este baile es un referente de la cultura de internet como muy pocos. A día de hoy todavía continúa, pero especialmente hace unos años era imposible no encontrarte a gente bailándolo en cualquier salón del manga, y fue la puerta de entrada a la serie para muchísimos seguidores. No sólo coreografió una secuencia final chula, sino un icono del mundo otaku y un segmento autopublicitario impagable.

Parecería que a partir de ahí al tío sólo le quedaba subir como la espuma, pero la alegría le duró poco. En 2007 se estrenó como director en la serie Lucky Star, siendo por primera vez la cabeza de un proyecto y coreografiando esta vez el tema de apertura de la serie, que prácticamente alcanzó el nivel de popularidad del Hare Hare Yukai. Sin embargo, tras el cuarto episodio fue despedido de Kyoto Animation y relevado por Yasuhiro Takemoto, quien dirigió el resto de la serie.

Su despido inesperado ha sido un tema de especulación durante años, y las dos partes han respondido con evasivas siempre que se ha planteado la cuestión. Kyoto Animation emitió un comunicado en su momento alegando que “Yamamoto no tenía las habilidades necesarias para ser director”, y sabiendo las cosas que sabemos a día de hoy sobre él, probablemente se referían a habilidades sociales. Imagino que darle un puesto de responsabilidad a un tío con el ego inflado no fue la mejor idea.

Se bromeó con su despido en una de las últimas secuencias del episodio cinco de Lucky Star, donde uno de los personajes pide fuera de cámara hablar con un tal Yutaka y no lo encuentra. Desde el otro lado, a Yamakan en los últimos catorce años jamás le han faltado palabras gruesas contra el estudio, y ha criticado todos los proyectos por los que le han preguntado excepto en los que trabajó él. En concreto, dijo que cuando K-On! se estrenó le provocó escalofríos —hay que tener mal gusto—, y ha comparado la estética moe con el fascismo porque “se te castiga por saltarte reglas no escritas” y se queja de “no poder hacer planos eróticos por alimentar el deseo masculino”. Vamos, que según él coartan su libertad de ponerse picantón.

No sé qué decirte, Yamakan. Creo que esa comparación tiene un salto lógico importante. Y también me parece banalizar el fascismo un poquito. Pero en fin, qué voy a saber yo, si tengo la cabeza comida por el régimen socialcomunista.

Ordet y su gran batacazo

Cuál samurái sin amo y sin intención de dejar la poltrona de director, Yamakan fundó en 2007 el estudio Ordet, en el que trabajó también como gerente. El estudio era muy pequeño, con alrededor de diez empleados, por lo que tuvo que arrimarse a otras firmas para seguir con sus proyectos. Su principal compañero de viaje fue A-1 Pictures, que por aquel entonces hacía animes decentes, y junto a quienes dirigió Kannagi en 2008.

Sin embargo, con el cambio de década, nuestro querido director tuvo una revelación mariana. Frente a una industria sumida en el abis-moe, él debía salvar al anime de su colapso. Y la obra que lo conseguiría llevaría el nombre de Fractale.

Así, en 2010 anunció la producción junto con A-1 Pictures de Fractale, una serie que no estaría dirigida al público otaku promedio sino a uno mucho más amplio, y que fuera capaz de llevar al medio a un nuevo estadio. Nuestro amigo estaba tan seguro de su creación que afirmó que abandonaría la industria si no se convertía en un éxito. Como pequeño adelanto, os digo que no sería la última vez que haría esta promesa.

En invierno de 2011, Fractale finalmente llegó a las pantallas de los telespectadores nipones. Qué emoción. Y después de once semanas en antena… fue un fracaso estrepitoso, tanto de crítica como de público. Fue una apuesta original, sin ninguna duda, pero no llegó a conectar con la audiencia. Por aquel entonces la promesa de Yamakan sobre irse ya se había convertido en una broma, y cuando le reclamaron que la cumpliera alegó que “no iba a contentar a aquellos que habían convertido su palabra en un chiste”. Eso se llama tener más salidas que un bombero.

El bueno de Yamakan además no se tomó a bien las críticas a su pequeña obra maestra. La autora de la adaptación al manga de Fractale escribió en su blog que la serie original le parecía “poco interesante”, y Yamakan instó formalmente a los productores a que cesaran la publicación del manga. No consiguió su objetivo, pero la pataleta fue tal que la autora tuvo que pedir disculpas por el comentario y borrar la entrada.

Después de este desastre, Yamakan mantuvo un perfil bajo durante un par de años, dirigiendo un spin-off de Lucky Star y la adaptación de un web manga, y dejando que el nombre de Fractale se evaporase del imaginario colectivo. Qué pena que no pudiese prohibir la geometría.

Wake Up, Girls!: Alzamiento y declive

Yamakan no fue capaz de estar mucho tiempo alejado de los focos, y en 2013 tuvo una idea magnífica: hacer un anime sobre idols. Y sin un ápice de ironía, creo que esta fue la mejor decisión de su carrera. Con sus dotes para el guion gráfico y la coreografía, su habilidad como director y su dedicación férrea a un proyecto, tenía todas las papeletas para ser un gran acierto. Lo raro es que no se le ocurriese antes.

Se puso al frente de todo el proyecto, que consistió en una película y una serie de televisión estrenadas en 2014, y para las que él y su equipo escogieron a siete dobladoras novatas que hicieron su debut con estos papeles y que saldrían en concierto a cantar los temas del anime, formando una unidad de idols real. Conociendo la megalomanía de nuestro amigo, creo que pretendía conseguir un bombazo al nivel de Idolmaster o Love Live, y tampoco puedo culparle.

El anime de Wake Up, Girls! fue muy especial, y por una vez en el buen sentido. A diferencia de otras obras sobre el tema, muestra los aspectos más crudos del mundo de las idols, como la explotación y el abuso físico y psicológico de chicas jóvenes; pero sin regodearse en el sufrimiento y centrándose en un modelo diferente a ese. Deconstruye bastantes aspectos del género y vuelve a reconstruirlos en un mensaje optimista. Además sus escenas de baile están animadas en 2D, lo cual es inusual en una época en la que por abaratar costes es raro que no se haga mediante 3D aunque choque con el resto del estilo visual. Está lejos de ser perfecto, pero es un anime que merece mucho la pena, especialmente si sois aficionadas de ese mundillo.

Espera, ¿adolescentes monas? Bajo tu criterio, ¿no es esto un poquito fascista, Yamakan?

Lamentablemente, la producción de Wake Up, Girls! estuvo plagada de problemas. La calidad de la animación dejó bastante que desear en su emisión televisiva por falta de personal, lo que llevó a Yamakan a intentar reclutar animadores desde su cuenta de Twitter después de que saliese el segundo episodio. Evidentemente, eso sirvió más para que se rieran de él en Internet que para otra cosa.

El tío se obcecó con volver a animar algunas escenas para la edición de DVD, pero el estudio con el que colaboraba se negó a financiarlas y tuvo que salir del presupuesto de Ordet, lo cual fue un agujero enorme en una empresa tan pequeña. Al final, pese al éxito moderado del anime, Ordet acabó perdiendo dinero.

Como alguien que ha visto la versión reeditada de la serie, se lo puedo agradecer, aunque no me entra en la cabeza cómo alguien puede ser tan mal gerente como para salir perdiendo con algo rentable. Pero bueno, no pasa nada, porque Yamakan estaba convencido de que recuperaría la inversión con la secuela: una duología de películas que continuarían la historia original. ¿Qué podría salir mal, verdad? ¿Qué?

A pesar de que estas dos películas son una continuación muy digna de la saga, su producción fue un auténtico disparate que acabó con nuestro amigo siendo despedido de su propia empresa. Colaboraron con el estudio Millepensee, y por el motivo que fuese, se fundieron el presupuesto de las dos películas sólo en la primera. A partir de ahí hay un fuego de acusaciones cruzadas entre Yamakan y Shin Itagaki, el principal operante de Millepensee en estas secuelas.

Ambos se culpan mutuamente por el descarrilamiento de la producción, y según Yamakan todo fue parte de una conspiración del otro estudio para quitarle de en medio; mientras que Itagaki negó la mayor y le acusó de sufrir manía persecutoria. Yamakan dijo además que Itagaki le conminó a reducir el número de guiones gráficos en los que las siete protagonistas aparecían juntas para aminorar la carga de trabajo, a lo que este se negó porque, en sus propias palabras, “esta era la historia de la amistad de estas siete chicas, y no podía abaratarse”. Vivir para ver. Al final, y posiblemente por suerte, acabó pasando por el aro.

En cualquier caso, esto resultó en que la segunda película esté considerablemente peor animada que la primera, y Ordet acabó con una deuda de algo más de un millón de dólares con la empresa de la que es subsidiaria. Yamakan se negó a pagar, y fue despedido del estudio que fundó y dirigía.

Es doloroso ver como un proyecto tan bueno acabó de una manera tan penosa. Aunque es difícil sentir simpatía por un tío que no es capaz de sacar la cabeza del horno, es cierto que Yamakan era la fuerza motora de Wake Up, Girls!, y el responsable de que fuera algo remarcable. En 2017 se estrenó una nueva temporada de la serie, dirigida por Itagaki en solitario, y fue un bodrio para exprimir lo que se pudiera el tirón que todavía tenía, nada comparable a la serie y las películas anteriores.

A partir de su destitución, Yamakan empezó una batalla legal para salvarse de tener que pagar, y se alejó de la producción de anime para recuperarse del mazazo psicológico. Pero tranquilas, que la historia no acaba aquí. Todavía le queda mucha cuerda.

De hoyo en hoyo

Manía persecutoria. Las palabras de Itagaki sobre nuestro director exiliado podrían ser más cercanas a la verdad o menos, pero con ese diagnóstico estuvo sembrado. El tiempo le dio la razón.

Enfadado, ocioso y con su imperturbable ego por las nubes. Así se vio Yamakan después de que le echaran de Ordet. En lugar de aprovechar estos factores para algo útil, decidió prestarle más atención a su cuenta de Twitter, donde con su dialéctica de portero de discoteca se dedicó a hacer lo que mejor se le da: comportarse como un energúmeno.

Desde 2016 se hizo bastante conocido en Twitter por sus recurrentes peleas con otros trabajadores del mundillo, y sus declaraciones desafortunadas le han dado de comer a muchos trabajadores de portales de noticias sobre anime. Tampoco se privaba de bloquear a quien le contraviniese, faltaría más, porque el derecho a faltar sólo va en una dirección.

Se ha escrito mucho sobre sus exabruptos ya, así que os voy a dejar con sus “grandes éxitos”. Algunos de los más incendiarios fueron sus críticas a la comunidad otaku, caracterizando a los adultos otakus como “enfermos mentales”, y culpándolos en una ocasión por la cancelación de un anime después de que salieran a la luz mensajes racistas del autor de las novelas que éste adaptaba contra los chinos y los coreanos. Este último evento le acarreó muchas críticas, especialmente desde la comunidad china, pero lejos de disculparse dijo situarse en el punto medio entre “el nacionalismo japonés y el extremismo chino” y parafraseó el poema de Niemöller que comienza con “Primero vinieron a por los socialistas…” como “Primero vinieron a por Yamakan…“. Sin comentarios. De nuevo, creo que su concepto de fascismo está un poco equivocado.

En otra ocasión también cargó contra la que supuestamente es su gente. Publicó un extracto de una conversación en un programa de radio entre algunas dobladoras de Wake Up, Girls! de cara a la temporada de 2017 dirigida por Itagaki. En el fragmento, las chicas bromeaban sobre que era un alivio que en esta temporada sus personajes no fueran enseñando las bragas, en referencia a la película piloto de la saga, en la que las protagonistas tienen que dar un concierto sin mallas debajo de la falda. Yamakan escribió esto junto al extracto:


“No voy a olvidarme de esto en el resto de mi vida. Acabáis de pisar una mina.”

Para mear y no echar gota. ¿Qué clase de adulto se toma así de mal una pulla amistosa? No sé por qué, pero ese tuit me recuerda poderosamente a este otro:

Pero sin lugar a dudas, lo que le hizo alzarse con la corona de la oligofrenia fue su reacción al apuñalamiento de la idol Mayu Tomita. En 2016, a la salida de un concierto, esta chica fue apuñalada sesenta veces por un fan despechado después de que ésta le hubiera bloquado de sus redes sociales por acoso. Sobrevivió de milagro tras meses ingresada, acabando parcialmente ciega, con daños irreversibles en la voz y traumatizada.

Yamakan reaccionó en 2017 a la sentencia de su agresor condenando el ataque, pero a la vez culpando a la víctima, porque a su parecer “debería haber sido más inteligente y no haber bloquado al fan“. No contento con eso, añadió que “en este tipo de profesión, siempre tienes que saber defenderte“, jactándose de él hubiera neutralizado al agresor. Vamos, que solo le faltó el clásico “¿que no hay huevos? ¡Aguántame el carajillo!” para parecer un diputado de la derecha española.

Sabéis, me encanta ver al hombre de cuarenta y tres años y 1,75 metros de altura culpando a la chica de veintiún años y metro y medio por no defenderse contra un loco armado. Hay que ser mierdecilla.

Frente a la oleada de críticas, se quejó del “doble rasero” de los japoneses, diciendo que “si el atacado hubiera sido un hombre sucio de mediana edad en lugar de una chica joven, a nadie le hubiera importado“. Claro, el problema es que aquí el hombre sucio de mediana edad sólo está en su cabeza (bueno, a no ser que estuviese refiriendo a sí mismo), y la chica joven fue, de facto, apuñalada. Tienes que sacar la cabeza del horno de vez en cuando, Yamakan.

Quizá os estéis preguntado por qué sólo he citado sus tuits en lugar de mostrarlos directamente, y la respuesta es que me es imposible, porque en 2018 su cuenta fue cancelada por “discriminación, amenazas o incitación al odio”. Para que veais que Donald Trump no ha sido el pionero de nada.

Es verdaderamente difícil no odiarle un poco por este tipo de comentarios, pese al respeto que le tenga como creador. Mirando atrás en su carrera, no me resultaría extraño que tuviese algún problema psicológico de base, y sin duda todo lo relacionado con su despido de Ordet lo acentuó. Por suerte en este último par de años ha vuelto a la actividad artística y su actividad en redes sociales es mucho más comedida. Ahora los portales de noticias tienen que hacer periodismo de verdad, para bien o para mal.

Hakubo: una lección de visión comercial

Condenado al ostracismo por gran parte de la industria y con un juicio por impagos delante, Yamakan siguió adelante, y en 2017 anunció el inicio de la producción de una nueva película independiente: Hakubo. Sin estudio ni padrino, no le quedó otra que recurrir al crowdfunding, pidiendo a sus fans que financiaran el proyecto, llegando a ofrecer desbloquear a gente de su cuenta de Twitter por donaciones superiores a quinientos yenes. Para lo que había que ver, a mí me parece casi un incentivo para NO donar.

De forma asombrosa, Yamakan consiguió el dinero que necesitaba para la producción de la película, que superó el equivalente a cien mil dólares. Todo esto me hace pensar que quizá detrás de su imagen en redes, además de resentimiento haya un poco de estrategia. Ya que no ha podido sacar nada jugando bajo las reglas de la industria durante casi veinte años, se ha situado como alguien opuesto a ella y se ha granjeado un séquito de gente dispuesta a financiar sus proyectos a pesar de su mala imagen para el público general. Creo que la comparación con Donald Trump puede llevarse más allá de la cancelación de sus redes sociales.

En cualquier caso, en junio de 2019 Hakubo se estrenó en cines, solo tres meses después de perder el juicio por impagos y declararse en bancarrota, algo que por suerte no afectó a la producción de esta película.

La cinta es una historia romántica entre dos adolescentes muy, muy olvidable. Me sorprendería algo así viniendo de alguien como él, pero conociendo ciertos factores no es de extrañar. Cuando Kimi no na wa, el exito mundial de Makoto Shinkai se estrenó en 2016, Yamakan dijo sentir “envidia” de la repercusión que la película había tenido, y que deseaba hacer algo así algún día. Este es el resultado. Como muchas otras en los últimos cinco años, Hakubo es una película que intenta replicar la ya manida técnica de Shinkai para hacer caja, añadiendo algunas referencias bizarras a Haruhi y Wake Up, Girls!, porque no sería él si no presumiera de su propio trabajo.

¿De qué me suena a mí este plano? ¿Y por qué la chica está bizca?

Aunque parezca inverosímil, Hakubo me gusta más que la película de la que se copia pese a que ninguna de las dos me parezca buena. Es más disfrutable momento a momento, y creo que está hecha con mayor sinceridad, siendo más cercana y menos palomitera. Eso sí, me compadezco por todos los que le tiraron dinero a este encantador de serpientes para que ni siquiera hiciese algo original.

¿Qué nos cabe esperar?

Fiel a sus costumbres, Yamakan prometió que dejaría el mundo del anime para siempre después de la producción de Hakubo. Sin embargo, tras el atentado a la sede de Kyoto Animation en julio de 2019, que acabó con la muerte del 20% de su plantilla, cambió de opinión. Como tantas otras personalidades del medio, Yamakan ofreció sus condolencias al estudio; e inicio la producción de una película inspirada en el terror del evento con la que pretende “cambiar el anime”. Sus palabras mágicas.

Considerando el desdén que ha tenido por Kyoto Animation desde su despido, no sé cuánto de esto responde a una preocupación sincera y cuánto a cinismo comercial, sabiendo además que la película está, de nuevo, financiándose mediante crowdfunding. Quiero pensar lo primero, sobre todo teniendo en cuenta que la parte más afable de Yamakan como personaje público es su compromiso con varias iniciativas benéficas, pero de momento sólo el tiempo tiene la respuesta.


El recorrido de este sujeto me parece fascinante. Pese a haber llevado una trayectoria bastante accidentada y tener una imagen pública desagradable, ha conseguido hacerse un nombre en el mundo del anime. Se ha convertido en un especialista en sobrevivir en una industria que le es hostil y donde no es difícil que tu carrera se acabe después de un mal traspiés.

Es un tipo con mucho conocimiento de cine, y que sabe dirigir, pero con un grave conflicto interno entre su talento para el entretenimiento y su desdén por el mismo. Como aficionado a su trabajo, espero que sea capaz de resolverlos y seguir trayéndonos animes interesantes en el futuro.

Y si no, reúne todas las cualidades para ser redactor de Aki no Anime.

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