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Seirei no Moribito – Maternidad a golpe de lanza

En 1996, Nahoko Uehashi, publicaría la primera novela de Moribito, una saga de fantasía que ocurre en un mundo análogo del Lejano Oriente. Esta saga fue el puente hacia el éxito de la escritora nipona, siendo la primera novela la más conocida de la saga. Este primer volumen es Seirei no Moribito, o El guardián del espíritu, cuyo éxito fue tal que ha sido adaptado a otros medios incluyendo un radioteatro y, por supuesto, un anime.

En Seirei no Moribito, seguimos a Balsa la guardaespaldas en su misión de proteger al príncipe Chagum. Todo esto comienza con la posesión de la que el joven es víctima por parte de un espíritu que, según la historia de su país, es un ser que traerá la sequía al imperio. Es por esto que el mismísimo Emperador ordena su muerte para así solucionar el problema de raíz. Su madre, en un intento desesperado de salvar la vida de su hijo, contratará a Balsa para que lo proteja durante el resto de su vida.

Esta idea inicial evoluciona en una trama muy interesante que te dejará pegado a la pantalla de cualquier dispositivo durante sus veintiséis capítulos de duración. Esto ocurre, sobre todo, gracias al fantástico manejo del ritmo por parte de su director y guionista, Kenji Kamiyama.

Los primeros seis capítulos son frenéticos, cada dos minutos encontramos un momento de tensión o una escena de acción que nos dejan con ganas de más. En los seis siguientes, la historia se deja a un lado para que los personajes se desarrollen y relacionen entre ellos. Por último, en la segunda mitad del anime, la historia retoma el control, dejando que la tensión suba cada vez más y más hasta liberarla en un final digno de una novela de Tolkien.

A esta historia tan bien contada la acompañan unos personajes verdaderamente interesantes y con un tiempo más que merecido en pantalla. Balsa Yonsa es una extranjera natural de Kanbal y protagonista de la historia que resulta ser el protagonista femenino más interesante que he encontrado en el mundo de la animación japonesa. 

No solo es una mujer fuerte, capaz de medirse en combate con cuatro guerreros altamente entrenados, sino que además es realista. En sus brazos se pueden observar músculos marcados, propios de alguien que ha practicado un arte marcial durante mucho tiempo, y no destila esa sensación de inocencia casi infantil que muchas de sus análogas desprenden por los cuatro costados. Balsa no es una niña, es una mujer.

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Mirada asesina, pelo recogido y bíceps, que nadie se ponga en su camino o lo pagará caro

Además, esta guardaespaldas evoluciona de alguien que solo pretende salvar vidas a una mujer que ha de enfrentarse al reto de criar un hijo, la difícil tarea de ser madre. Todo esto, junto a la solidez de sus motivos, yendo más allá de los “¡Quiero ser hokage!”, y la absoluta falta de sexualización de nuestra heroína, hace que Balsa desprenda una fuerza increíble.

Es en Chagum donde encontramos al otro personaje principal. El príncipe es, sin duda alguna, el personaje que más evoluciona de todo el elenco. Empieza siendo un niño débil que, si bien es muy inteligente, no comprende el mundo que lo rodea. Es gracias al tiempo que pasa con Balsa que empieza a madurar, algo que se ve reflejado en la apariencia del personaje a lo largo de los 26 capítulos de los que consta el anime.

Por supuesto, los personajes secundarios son todos muy interesantes, no podría olvidar a la chamán Torogai  o a los hermanos Tuya y Saya. Pero son los que cumplen el papel de antagonistas, no de villanos, los que más relucen.

Por una parte tenemos a Shuga, un prometedor lector de estrellas que es a su vez el tutor de Chagum y por otra, a los Cazadores, un grupo de ocho guerreros, entrenados para ser los mejores, que darán caza a nuestros protagonistas. Ambos están sorprendentemente bien desarrollados y cuentan con tiempo en pantalla para contar sus motivaciones, su forma de pensar… Todo para que no se conviertan en el típico malo que obedece a las órdenes del señor oscuro y poco más.

Es gracias a la profundidad de los personajes, a lo cerca que están de ser una persona real y no un ser que simplemente grite mucho el nombre de otro, que consiguen que nos preocupemos por ellos. Esa preocupación es algo que pocos productos de este medio son capaces de brindarte y Seirei no Moribito es capaz de hacerte ver una escena donde sabes que todo va a salir bien con el corazón en un puño.

En el apartado técnico, Production I.G., no escatimó en gastos. Las animaciones son fluidas y cuenta con las escenas de acción mejor animadas que he visto en mucho tiempo. Y no solo lo digo por su cantidad de imágenes por segundo, lo digo por lo que en cine llamaríamos la coreografía. Cada personaje tiene un estilo de combate totalmente diferenciado de los demás en base a su personalidad, el arma que usan o su país de origen.

Todo este despliegue de medios va acompañado por un estilo de dibujo que me recuerda a Studio Ghibli, sobre todo en la paleta de colores, dando un aspecto similar a La Princesa Mononoke o Historias de Terramar. Esto solo consigue que los pocos momentos, puntuales y de poca duración, en los que se use CGI son totalmente perdonables.

La banda sonora, compuesta por Kenji Kawai (Ghost in the Shell, Fate Stay/Night, Death Note), no hace sino mejorar la atmósfera general de la serie. Las frenéticas escenas de acción, los momentos dramáticos e incluso los más relajados, todos ellos van acompañados por piezas fantásticas que dejan con los pelos de punta.

Si os soy sincero, no me paré a escuchar el ending hasta el final de la serie pues solo quería ver otro capítulo y luego otro más… Itoshii Hito e  de Sachi Tainaka es una canción agradable de J Pop pero no es nada que no hayamos escuchado. En cuanto al opening, Shine de L’Arc – En – Ciel, es una canción pegadiza de J Rock que, a decir verdad, me costaba saltar incluso cuando llevaba siete capítulos seguidos.

Por último, solo resta decir que Seirei no Moribito es una serie redonda. Desde los fantásticos personajes hasta las trepidantes escenas de acción, el equipo de Ghost in the Shell Stand Alone Complex ha puesto toda la carne en el asador para traernos la adaptación de la novela más famosa de Nahoko Uehashi. Ahora solo me queda aprender japonés para leer la saga completa pues, desgraciadamente, solo los dos primeros libros han sido traducidos al inglés.

Nota: 10/10

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